Archivo para el mes noviembre, 2009

Habia una vez, en una isla Vivian todas las emociones: la felicidad, la tristeza, el conocimiento y todos los demás, incluyendo el amor. Sin embargo, un día se anuncio que la isla se iba a hundir. Entonces, todos prepararon sus botes para salir. El amor fue el único que no hizo algo. El amor quería quedarse hasta que la isla se empezara a hundir. Cuando el amor estaba casi por ahogarse, decidió pedir ayuda.

La riqueza pasaba por ahí en un bote tan bonito. El amor le pregunto

- “Riqueza, ¿me puedes llevar contigo?”

El le contesto.

- ”No. no puedo…hay mucho oro y plata y no hay lugar para ti.”

El amor decidió preguntarle a la Vanidad que también pasaba por ahí,

- “Vanidad, por favor ayúdame”

- “no puedo ayudarte Amor. Estas mojado y vas arruinar mi bote” le contestó la Vanidad.

La Tristeza paso cerca y también pregunto por ayuda,

- “Tristeza, déjame ir contigo.”

- La Tristeza le dijo “oh…Amor estoy tan triste que prefiero ir solo.”

También paso la Felicidad, pero como estaba tan contenta que no escucho al Amor cuando le grito.

De repente se escucho una voz diciendo.

- “ven Amor, yo te llevo.”

Este era un Viejo. El Amor estaba tan contento que ni siquiera pregunto el nombre de este Viejo.

Cuando llegaron a la otra orilla, el Amor pregunto al Conocimiento

- ¿quien es el Viejo que me ayudo?

El Conocimiento le respondió:

- es el Tiempo

- ¿el Tiempo?” respondió admirado, “¿porque me ayudó?”

El Conocimiento le respondió:

- porque solo el Tiempo es capaz de entender lo grande que es el Amor.

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  • Desperté, no sabía dónde estaba.
    ¿Qué pasaba?
    De repente, me dio un vuelco el corazón,
    y recordé que vivía
    un día después del Armagedón.
    ¿Estoy sólo? – preguntaba.
    A nadie alcanzó mi visión
    y busqué por si encontraba,
    alguien de mi congregación.
    Desde lejos observé
    que alguno se me acercaba.
    ¡Pero si es Mariana,
    aquella chica mundana
    que a mi nada me gustaba!
    Seguí caminando y dudé;
    no lo podía creer…
    ¿No es aquél chico Javier?
    ¡Si predicar no quería!
    Siempre obligado salía…
    ¡Cuántas cosas hay que ver!

    Más adelante encontré
    lo que nunca imaginé.
    a la hermana Amatista,
    ¡ si era tan materialista!
    ¡Ni aún en el Paraíso
    la perdería de vista!
    Mi paciencia culminó
    cuando junto a mi llegó
    un compañero precursor
    que de listo se las daba,
    pero que, a mi entender,
    seguro que a las horas no llegaba.
    Estuve a punto de gritar:
    "¿Qué pasa, Jehová?
    ¿Qué hace esta gente aquí?"
    Pero mudo me quedé,
    y es que tuve que callar,
    porque en sus rostros yo vi
    que asombrados se quedaban,
    y es que tampoco esperaban
    que pudiera estar yo allí.

    Moraleja:

    Mira las cosas buenas de los demás;
    siempre lo hace así Jehová,
    porque si fallas de  continuo Él mirara:
    seguro que al Paraíso ninguno pasaba.

    Salmo 103: 9,13,14

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  • debido a que no todos tienen banda ancha en el hogar, os mostramos como descargar con el tjudate desde un cyber y luego pasarlo al ordenador en nuestro hogar, y poder reproducirlo con el tjPlayer.

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  • Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles.
    No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
    Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo.
    En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.
    A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un recipiente. Sacó los huevos y los colocó en un plato. Coló el café y lo puso en una taza. Mirando a su hija le dijo:

    - “Querida, ¿qué ves?”

    -”Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta.

    La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas.
    Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Al sacarle la cáscara, observó que el huevo estaba duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
    Humildemente la hija preguntó: “¿Qué significa esto, Padre?”
    Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad:
    agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente:

    La zanahoria llegó al agua fuerte, dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer.
    El huevo había llegado al agua frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.
    Los granos de café sin embargo eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
    - “¿Cuál eres tú?”, le preguntó a su hija.

    “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?.
    ¿Cómo eres tú?
    ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan , te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
    ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿Eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?
    ¿O eres como un grano de café?

    El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor.
    Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor.
    Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

    ¿Cómo manejas la adversidad?
    ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?

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