Rusia mantiene con redadas la presión sobre los testigos de Jehová

El grupo religioso fue prohibido en el 2017 bajo la acusación de “extremista”

Los testigos de Jehová no eran muy activos en Rusia, pero hace unos años comenzaron a salir a la calle para repartir sus publicaciones y colocar sus stands como en otros países en los que tienen presencia. Esta manifestación de proselitismo llamó la atención en un país donde las cuestiones religiosas están dominadas por la iglesia ortodoxa rusa, que cuenta además con el apoyo del poder. La libertad de movimientos de esta confesión terminó en el 2017, cuando el Tribunal Supremo les declaró ilegales y tuvieron que entregar sus propiedades al Estado. Desde entonces, la presión sobre esta iglesia no ha hecho más que aumentar. El último choque con la ley acaba de producirse en Daguestán.

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Agentes de seguridad del Estado (FSB) han detenido en esta región del Cáucaso norte a 15 testigos de Jehová. Como en ocasiones anteriores, se les acusa de llevar a cabo actividades ilegales que se encuadran en lo que la ley rusa califica como “extremismo”.

En el último choque con la ley, el FSB ha detenido a 15 miembros por hacer proselitismo en Daguestán

Según las agencias rusas, los detenidos fueron acusados el jueves de “reuniones conspirativas para estudiar literatura extremista”. El FSB acusa a los líderes de estos grupos locales de haber recibido formación en el extranjero para reclutar nuevos miembros en esta región del Cáucaso. Un portavoz del grupo religioso no pudo confirmar la cifra anterior, pero admitió la existencia de redadas el pasado 1 de junio en cuatro ciudades de Daguestán. La policía también se incautó de gran cantidad de “material de propaganda”, que poseían con el fin de “extender su ideología extremista y atraer a la población local, incluidos niños, a actividades ilegales”.

El Tribunal Supremo de Rusia declaró ilegal a los testigos de Jehová en el 2017. El Ministerio de Justicia sostuvo que constituyen una “amenaza contra la salud”. La organización fue culpabilizada porque sus miembros se niegan a las transfusiones de sangre. Un experto del ministerio les acusó de mantener “una actitud agresiva contra muchos países, incluida Rusia” debido a sus orígenes estadounidenses. Exmiembros del grupo sostienen que el grupo “mantiene un absoluto control de la vida de las personas”.

La Comisión Europea se manifestó en su momento en contra de la sentencia y el presidente ruso, Vladimir Putin, se mostró contrario a la acusación de extremismo en diciembre del 2018. Señaló que era “un disparate” y que había que estudiar la cuestión “con atención”. De hecho, como argumentó la defensa, la negativa a más transfusiones no está incluida en la ley contra el extremismo.

Pero todo esto no ha cambiado las cosas. Según la organización, 35 de sus miembros se encuentran en prisión preventiva y 207 están acusados ante los tribunales. El caso más conocido es el de Dennis Christensen, un ciudadano danés que lleva viviendo casi 20 años en Rusia y que era un activo testigo de Jehová de la ciudad de Oriol, donde fue detenido en mayo del 2017 durante una ceremonia religiosa. Tras casi dos años privado de libertad, en febrero recibió la primera condena desde la prohibición: seis años de cárcel… Amnistía Internacional le ha declarado “prisionero de conciencia”. Con más de ocho millones de seguidores en todo el mundo, se cree que esta iglesia cristiana cuenta con 170.000 adeptos en Rusia.

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